Poner límites es tan importante: NO es NO
Poner límites es tan importante: NO es NO
Me encontré con este relato escrito por Nic Bescoby y me pareció tan preciso, cotidiano y reconocible que lo quise compartir. Porque es tan importante que desde niños digamos lo que no nos gusta o lo que no nos hace bien y podamos actuar libremente, sin tener que hacer cosas para que los demás nos evalúen bien, nos incluyan o nos quieran, teniendo la opción de ser uno mismo, sin tener que sobreadaptarnos o aguantar cosas que nos violenten o nos traicionen. Es aquí donde el adulto significativo juega un rol imprescindible para los pequeños, pudiendo protegerlos, cuidarlos y defender sus derechos en todo momento.
«Un hombre se sentó junto a mi hija en la micro y aunque no estaba llena él eligió el asiento de a su lado. Entonces mi hija se puso de pie y se acercó a mí, ya que al parecer no se sentía cómoda sentada junto a él».
«Ohhh, no tengas miedo. Vamos, choca esos cinco» dijo el señor. Ella no quería hacerlo. Se volvió hacia mí y se negó. Le sonreí y luego mi hija y yo volvimos a nuestra conversación.
«¿Ya quieres que sea Navidad?» le preguntó el señor a mi hija. Pensé que tal vez estaba solo, así que sonreí y respondí en su nombre. Intercambiamos las bromas habituales que la gente comparte en esta época del año y un breve resumen de los planes de mi familia porque aunque no soy muy buena socialmente, trato de ser cortés porque odio pensar que alguien esté solo en estas fechas.
«¿Te comieron la lengua los ratones?» Lo intentó de nuevo, mientras le tocaba la barbilla a mi niña. La sentí apretujarse en mi pecho, tratando de fusionarse en mi cuerpo y aunque su lenguaje corporal gritaba PARA, él no estaba escuchando. ¿Por qué las personas hacen esto? «Ella simplemente no quiere hablar», le expliqué con firmeza.
«¿Es tímida?», «No particularmente», respondí, «simplemente no tiene ganas de hablar» reiteré y empecé a hablar con mi hija de nuestros planes en familia para la noche y a propósito lo saqué del tema.
«Deberías enseñarle algunos modales. ¡Al menos debería ser educada!» dijo. Lo miré recordando todas las veces que la gente había ignorado mi incomodidad, recordé abuelos que exigieron abrazos, tías persiguiéndome para «robarme un beso», personas que me hicieron cosquillas hasta que no pude respirar, lo que no fue nada divertido y amigos de la familia que exigían que les hablara o sonriera. Recordé las veces que me llamaron maleducada porque no tenía ganas de hablar y todas las veces que me vi obligada a poner la comodidad de otras personas por encima de la mía. Recordé la vez que un hombre me llamó frígida porque lo aparté cuando quiso bailar frotándose sobre mi cuerpo y una “amiga” me dijo que estaba bien, pidiéndome que me relajara y bailara, que era algo inofensivo y que no fuera mala onda. Y aunque yo me quería ir a mi casa, no lo hice para no ofender a mi amiga.
Recordé haber llorado más tarde porque me había sentido muy incómoda y atrapada toda la noche. No es sólo una lección lo que le estoy enseñando a mi hija, es mucho más. ¡La comodidad y los sentimientos de mi hija son importantes! No le debe nada a nadie y cuando se siente incómoda, no tiene que fingir que está bien para acomodarse al ego de otra persona.
«Ella no ha sido descortés. ¡Ella no tiene porqué hablar!», le dije al señor. Luego me volví hacia mi hija y le hablé claramente para que ella pudiera escucharme y para que él también escuchara: «Hija, NO tienes que hablar con esta persona si no quieres. La gente NO puede hacerte sentir mal. ¡Puedes decirle que se detenga y si no te escucha, entonces es él el que se equivoca y debes asegurarte de que él lo sepa! Si la gente no te escucha, puedes gritar. ¡BASTA ahora mismo! ¡DÉJAME EN PAZ! y sigues gritando hasta que te escuchen.»
El hombre murmuró algo parecido a “otra loca suelta” o algo así. Y luego se cambió de lugar. Me negué a prestarle más atención y con calma, continué nuestro viaje en paz. Cuando pasamos junto a él para bajar del autobús, dijo en voz alta «¡Ya se a quién salió!» lo miré a los ojos y respondí «Yo también».
En este caso fue que mi hija no quiso hablar con el señor agresivo de la micro. Otra vez puede ser un pariente que no respeta sus límites o un amigo de la familia que la invitó a hacer algo que sabe que está mal.
Un día puede ser un hombre que no escucha cuando ella le dice que NO y quiero que sepa que tiene una opción: Ella nunca tiene que quedarse callada para beneficiar a otra persona o para hacerla sentir bien. Ella es poderosa y puede decir BASTA. Quiero que sepa que PARAR significa PARAR y NO significa NO. Y si alguien se ofende por los límites que ella establece, ese es SU problema.
Psicóloga Karen Klein